Las 4 promesas del perdón y 3 principios para perdonar

Uno de los primeros pasos que debemos aprender a tomar, como seguidores de Dios, es el pedir perdón al momento de hacer algún tipo de mal en contra del prójimo, es una petición que debemos hacer regularmente.

Pedir perdón es un signo de humildad, que demuestra nuestra confianza hacia Dios. Al hacer esta petición, estamos dando un paso mucho más importante en el restablecimiento de una relación que ha sido lesionada.

A menudo, la persona que hiere, al pedir perdón tiende a decir cosas como: “Siento haberte molestado. Por favor, ¿me perdonas?” Desafortunadamente, con este tipo de solicitud vienen una serie de incertidumbres.

No hay reconocimiento del mal que fue realizado. No hay reconocimiento real del dolor que ha sufrido la persona que ha sido ofendida. Además, no hay reconocimiento de lo que sucederá en el futuro, cuando la persona que ofende puede ser tentado a hacerlo de nuevo en una situación similar.

Cuando una persona le concede el perdón a otra, se están haciendo una serie de promesas bastante profundas.

Al conceder el perdón, la persona que perdona realmente ha decidido hacer estas “Cuatro Promesas del Perdón” hacia el pecador.

“Esta vez no me detendré en este incidente”.

“No sacaré a la luz este incidente, ni lo usaré en su contra”.

“Nunca hablar con otros acerca de este incidente”.

“No dejaré que este incidente se posicione entre nosotros y dificulte nuestra relación personal”.

Ya que el perdonador debe realizar dichas promesas, el que ha ofendido debe hacerle todo lo más fácil posible para que pueda cumplir con estas “Cuatro promesas del Perdón”.

Al pedir perdón, la persona que ofende, debe aprovechar la oportunidad para comprometerse plenamente con la persona a la cual lastimó. Esto se puede llevar a cabo al momento de hacer su petición de perdón, involucrando estos tres aspectos del ser humano: la mente, las emociones y la voluntad.

1. Involucrar  la mente al perdonar

En primer lugar, una petición piadosa de perdón debe verdaderamente involucrar la mente de ambas partes.

Debido a que pedimos perdón cuando hemos lastimado a alguien, debemos indicar de manera objetiva la forma en que lo hemos hecho, lo que implica la mente de cada una de las personas involucradas.

El Rey David se dio cuenta de que para confesar de manera franca, debía hablar abiertamente de lo que había hecho.

“Te confesé mi pecado, no te escondí mi culpa. Yo dije: Ante el Señor confesaré mi falta. Y tú, tu perdonaste mi pecado, condonaste mi deuda”. (Salmo 32,5)

Para nosotros, una petición de perdón que incluya mentalmente a todos los involucrados podría ser algo así:

“Andrea, por favor, perdóname. No sólo por volver a casa más tarde de lo que dije, sino también por haber mentido acerca de cuándo estaría en casa realmente. Desde horas tempranas del día sabía que habían pocas posibilidades de volver a casa a la hora que te había hecho saber”.

2. Involucrar las emociones en el perdón.

En segundo lugar, una petición piadosa de perdón debe incluir las emociones de todos los involucrados

Dios nos ha dado emociones y sentimientos apropiados para nuestro propio bien. Debido a que son parte importante del ser humano, nunca deberían ser ignorados.

Cuando se atenta contra los sentimientos de una persona, es razonable que dicha persona se sienta profundamente herida.

Además, si una persona está realmente arrepentida por el error que ha cometido, debe dolerle en gran medida todo el daño que ha causado.

El Rey David tuvo la necesidad de declarar todo el dolor que sentía debido al pecado que cometió:

“Líbrame, oh Dios, de la deuda de sangre, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza”. (Salmo 51,16-17)

Cuando pedimos perdón, debemos reconocer todos los dolores que hemos causado. Un buen ejemplo de una petición de perdón que incluya las emociones de todos los involucrados sería:

“Andrea, ahora entiendo lo mucho que mi mentira te ha herido. Tú confías en que siempre te diga la verdad. Dado que le hice daño a alguien que quiero tanto, me angustia enormemente mi insensibilidad hacia ti”.

3. Involucrar la voluntad.

En tercer lugar, una petición piadosa de perdón debe comprometer la voluntad. Se debe dar a conocer a la persona que se ha lastimado cómo sería la respuesta a futuro cuando se le presente de nuevo una tentación similar.

Un ejemplo de una petición de perdón que involucre la voluntad

“Andrea, mi deshonestidad debe detenerse por completo. Quiero desesperadamente que mi comunicación contigo en el futuro sea siempre veraz. He pedido la ayuda de Dios en esta área. El lunes ayunaré con el fin de hablar más con Él acerca de esta situación. Yo deseo un corazón puro mientras esté contigo. Si es necesario buscaré ayuda profesional”.

Últimos pasos

Uno de los últimos pasos al pedir perdón, al cumplir con todos los aspectos anteriormente establecidos, deben ser indicados de una manera suave y humilde a la persona que ha sido ofendida.

Y, por último, la persona que lastima debe preguntar: “¿Por favor,  podrías perdonarme?” Esperando con optimismo que la respuesta de la parte ofendida sea un contento: “Sí, con la ayuda de Dios, te perdono”.

Información: Editor Master
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