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Tu matrimonio está bajo ataque ¿Qué puedes hacer?

El matrimonio es la base de la familia. Esta es la razón por la cual tu matrimonio está bajo ataque del enemigo de manera constante. Él sabe que, si quiebra y destruye el matrimonio, la familia se verá severamente lesionada, por ello no descansa en sus intentos de sembrar infelicidad, divisiones y crisis. Es que, si la pareja se encuentra amorosamente unida, la familia tendrá más opciones de sobrellevar las situaciones difíciles y salir adelante.

Por el contrario, si hay problemas en el interior del matrimonio, eso afectará a toda la familia. Los momentos de ataque van a llegar, y sabiendo esto, tenemos que estar preparados. ¿Qué podemos hacer cuando nuestro matrimonio está bajo ataque y el tiempo de “las malas”, parece no terminar?

Todos los matrimonios pasan por altibajos. Es precisamente por eso que decimos votos como “…en la prosperidad y en la adversidad…”. Nos deleitamos en los días buenos, pero ¿qué se supone que debemos hacer cuando nos sentimos atrapados en una temporada prolongada de “adversidad” – cuando sentimos que estamos haciendo lo mejor que podemos, pero nuestras circunstancias y sentimientos parecen obstaculizar nuestro progreso? Creo que estos son los momentos en los que al enemigo le gusta atacar nuestro matrimonio. Él viene con fuerza cuando nuestras defensas están bajas, y nosotros estamos exhaustos y consternados. No se equivoquen, él viene por nosotros. Satanás es un ladrón que sólo viene a robar, matar y destruir (Juan 10,10), y no busca más que quebrantar nuestro matrimonio y nuestra familia.

Ninguno de nosotros es inmune a las dificultades de la vida, pero cada uno de nosotros tiene el poder de elegir cómo reaccionar ante ellas. Es fácil ser un buen esposo o esposa cuando las cosas parecen ir bien, pero ¿qué pasa cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Cómo debemos manejar un diagnóstico de cáncer, la muerte de un ser querido, dificultades financieras, problemas laborales, mudanzas, malas decisiones y otras crisis? ¿Qué se supone que debemos hacer cuando estamos bajo ataque? ¿Cómo luchamos contra el enemigo?

Como matrimonio, debemos ser el aliado número uno del otro, defensor, animador, guerrero de oración y amigo. Pero, cuando la vida nos arroja algo más de lo que podemos soportar, a veces tenemos ganas de rendirnos. Nos convertimos en reclusos emocionales y nos excluimos unos a otros. Dejamos de hablar y actuamos por inercia.

Cuando el matrimonio está bajo ataque queremos darnos por vencidos

Nos decimos a nosotros mismos que nuestras circunstancias y nuestro matrimonio nunca mejorarán, y fallamos en ver el bien que está más allá de las pruebas que estamos experimentando. Empezamos a creer las mentiras del enemigo. Mentiras como:

“Están condenados. Este matrimonio nunca va a funcionar”.

“Las cosas nunca mejorarán. ¡Ríndete ya!”

“Ambos están demasiado dañados. Ni siquiera Dios mismo puede recoger estos pedazos.”

“Te casaste con la persona equivocada. No estaba destinado a ser”.

¡No crean esas mentiras! Tú y tu cónyuge pueden superar este temporal. Cuando decides reconectarte con tu cónyuge y reintegrarte a tu matrimonio, tu matrimonio se hará aún más fuerte. Elige luchar por el otro, no contra el otro. Servimos a un Dios que da vida a los muertos, y eso incluye un matrimonio agotado y sin vida (Romanos 4,17).

Nuestro Padre puede traer sanación a nuestro caos. Él puede inyectar nueva vida a nuestra relación y hacerla más hermosa, más vivificante, más íntima y confiada de lo que jamás creímos posible (Isaías 61,4). Pero, no podemos echarnos atrás y dejar que el enemigo continúe atacándonos. Nosotros debemos luchar.

¿Qué hacer cuando el matrimonio está bajo ataque?

A continuación voy a darte 5 consejos para cuando el matrimonio está bajo ataque y no encuentras la manera de frenarlo.

1. Sigan hablando el uno con el otro.

 «Integridad y rectitud me guardarán; en ti, Señor, he puesto mi confianza». (Salmo 25,21)

La comunicación diaria es imprescindible. No podemos esperar que nuestra relación salga de un impase si no le decimos a nuestro cónyuge cómo nos sentimos genuinamente y escuchamos cuando ellos también comparten sus sentimientos.

Debemos negarnos a cerrarnos y recluirnos, incluso cuando cada uno de nosotros lo desee. En lugar de retirarnos, necesitamos sentarnos y hablar unos con otros acerca de todo, incluyendo las reflexiones diarias, los niños, el trabajo, las esperanzas, los sueños, los miedos, las frustraciones, etc. Debemos hacer esto para mantenernos conectados, volver a estar en la misma página y construir la confianza.

2. Sé el cambio que te gustaría ver en tu cónyuge.

«Los que trabajan por la paz siembran en la paz y cosechan frutos en todo lo bueno». (Santiago 3,18)

Ciertamente se necesitan dos para que un matrimonio funcione. Pero, cuando un matrimonio está atascado en un impase o está siendo atacado, alguien tiene que dar el primer paso hacia la sanación.

En lugar de esperar que nuestro cónyuge cambie o dé el primer paso para reparar nuestra relación, necesitamos iniciar. Si deseamos una mejor comunicación, entonces necesitamos iniciar una conversación. Si queremos más romance, deberíamos empezar a coquetear con nuestro cónyuge.

Si queremos más noches de citas, deberíamos planear una cita. Nuestros esfuerzos le mostrarán a nuestro cónyuge cuánto estamos comprometidos con el matrimonio y pondrán nuestro matrimonio en el camino correcto.

Es importante que hagamos estas cosas por amor y compromiso, pero sin esperar que nuestro cónyuge haga algo a cambio. Si no, podríamos caer en una trampa de “ojo por ojo” que sólo nos dejará a los dos enojados y decepcionados. Cuando nos acercamos a nuestro cónyuge con amor incondicional y un deseo genuino de fortalecer nuestro matrimonio, ellos también se sentirán libres para abrirse. Cuando ambos miembros de la pareja se acercan con el corazón abierto, el matrimonio comienza a sanar.

3. Ora por tu cónyuge.

«¡Bendito sea Dios, que no desvió mi súplica ni apartó de mi su amor!» (Salmo 66,20)

La oración es el arma más grande que tenemos contra los ataques del enemigo. Pone nuestra mente y nuestro corazón en posición correcta con el Señor y suaviza nuestro corazón endurecido hacia nuestro cónyuge.

Cuando estamos enojados con nuestro cónyuge y frustrados con nuestro matrimonio, la raíz de la emoción que estamos experimentando es la decepción. Estamos decepcionados de que nuestro matrimonio no sea un cuento de hadas. En vez de pensar en lo que no nos gusta de nuestro cónyuge o matrimonio, oremos por ellos. Pídele a Dios que los bendiga y los acerque más.

Podemos orar por nuestra cuenta y juntos. Es asombroso cómo Dios ablandará nuestros corazones unos hacia otros cuando oramos específicamente los unos por los otros. Este es también un excelente ejemplo de amor incondicional y humildad – dos atributos indispensables – en un matrimonio fuerte.

La oración es también nuestra línea de vida cuando nos enfrentamos a circunstancias difíciles que están fuera de nuestro control. No necesitamos tratar de llevar esta carga solos. Dios quiere que lo pongamos a sus pies, y lo hagamos orando. Cuando le entregamos nuestras cargas a Él y le pedimos que nos llene con Su fuerza y sabiduría, Él lo hará.

4. Pasen más tiempo juntos.

«No abandonen sus encuentros juntos, como algunos acostumbran a hacer, sino más bien anímense unos a otros». (Hebreos 10,25)

Como mencioné antes, tendemos a «darnos por vencidos» cuando las cosas se ponen incómodas o difíciles. En lugar de encontrar razones para estar lejos de nuestro cónyuge, necesitamos pasar más tiempo juntos.

Acuesten a los niños más temprano y hablen. Vayan a dar un paseo nocturno después de la cena. Reúnase para almorzar regularmente durante la semana laboral. Tenemos que ser intencionales y dedicarnos tiempo el uno al otro si queremos fomentar un matrimonio más fuerte.

5. Aférrense a las promesas del Señor y sean pacientes con el proceso de sanación.

«Las palabras del Señor son palabras seguras, son como plata pura siete veces purificada en el crisol». (Salmo 12,7)

Nunca olvides que Dios quiere cosas buenas para ti y tu cónyuge. Él quiere que ambos sanen y tengan un matrimonio próspero. No se desanimen. Aférrense a las promesas de Dios en Su Palabra leyendo la Biblia diariamente.

Un matrimonio no entra en un impase de la noche a la mañana, así que no podemos esperar ver una reconexión drástica después de un día de intentarlo. Se necesitan pequeños pasos – un día a la vez. Lo más importante que debemos recordar es que debemos negarnos a rendirnos. Estamos eligiendo enfrentarnos a esta temporada de «adversidad» JUNTOS… ayudándonos unos a otros… apoyándonos unos a otros… cada día.

Con el tiempo, veremos y sentiremos la reconexión y experimentaremos Su sanación, pero más que nada, Dios nos mostrará cómo somos más fuertes juntos. Él nos bendecirá al honrar nuestros votos matrimoniales, y tendremos un testimonio asombroso de resistencia, compromiso y amor que inspirará a los que nos rodean – especialmente a nuestra propia familia.

Adaptación por María Mercedes Vanegas. Artículo publicado en: MarriageToday.com,

pildorasdefe maria mercedes venegasMaría Mercedes Vanegas, Nicaragüense viviendo en Alemania, soltera, ingeniera y – a ejemplo de San Francisco Javier – misionera en esta era tecnológica. Identificación evangelizadora: Ay de mí si no predico el Evangelio, pues muchos cristianos se dejan de hacer, por no haber personas que se ocupen en la evangelización

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